martes, 3 de diciembre de 2013

CARTA ABIERTA A GIAN MARCO ZIGNAGO

ADVERTENCIA: La carta que escribo a continuación es resultado de un flashazo tras leer una noticia en el periódico. He tratado de que sea lo menos impulsiva o emocional posible y se circunscribe a los límites de mi percepción e imaginación; por lo cual no espero respuesta alguna ni tengo la esperanza de que alcance los ojos del mentado.

Hola Gian Marco

Te escribo para comentarte algunas impresiones que me ocasiona tu reciente anuncio de “irte del Perú para hacer carrera en Estados Unidos” (El Comercio, Domingo 01 de diciembre del 2013) pues tengo la idea de que gastarás unos minutos de tu vida en leer estas líneas, que aunque roban un rato de mis horas de trabajo, las redacto con sinceridad. Créeme que no me detiene que por ahí ya esté escuchando a alguien decirme “¿quién serás tú pues para que alguien como Gian Marco te haga caso?!!”, y te escribo igual ya que todos te conocemos como el buen Gian Marco, siempre sonriente, amable, televisivo y todo un embajador de la Marca Perú.

Primero “déjame que te cuente” que como todos los peruanos, estoy pendiente del discurrir de tu carrera (aunque no quiera) y que recuerdo con cierto rencor “nacional” los años que invertiste pospuesto como empleado de los Estefan, componiendo canciones para sus luminarias internacionales. “¡Eso no se le hace a un poeta!” diría tu colega Cachucá y me solidarizo contigo en tu decisión (de ese entonces) de regresar al Perú para tener el reconocimiento que se te negó en su verdadera magnitud, pues muchas de esas canciones fueron éxitos y la gente sólo recuerda caras, pero nunca el corazón. Por lo menos esa es la lectura que yo tengo entre líneas de la información con la que nos aturde a diario nuestra “respetable” prensa peruana, que dicho sea de paso, no recuerdo que te haya hecho una sola crítica negativa o positiva, sino sólo flores y halagos.

Ahora es probable que hayas calculado más las circunstancias y migres hacia algo más seguro, o tal vez no y te juegas una vez más las últimas cartas de forma heroica, pues tengo que reconocer que sobre todas las cosas tu vida es la música (aunque alguna vez te escuché decir que primero es tu familia, que paja!) y eso hay que reconocértelo. Me quito el chullo!.

En verdad Gian Marco, espero que tu empresa sea todo un éxito, que en poco tiempo la apuesta de tu proyecto dé los frutos que esperas para tu carrera de tretitantos años, que los peruanos puedan decir “Gian Marco no va de gira por Europa y Estados Unidos tocando sólo para colonias de peruanos y algunos latinos, sino que la rompió con el tema del mundial de Futbol o fue headline en varios fest internacionales”. Supongo que ése es el reconocimiento que esperas y que por eso dejas nuestro exitoso país gastronómico buscando nuevos aires y más adeptos a tu pop romántico y fusión (dudo que tus canciones puedan alinearse al rock como dice tu bio en wikipedia).

Es en éste contexto Gian Marco es que me atrevo a darte un consejillo: “olvídate de todos tus fans peruanos a ultranza”, de esos que juran que eres lo más grande que la música peruana a dado, de los que te defienden cuando algunos osamos opinar y decir que tu talento es limitado y tus canciones facilistas y complacientes, de  aquellos que se rasgan las vestiduras cuando hay alguien que piensa que tus waynos y criollas son artificiales y sin sentimiento, de aquellos a los que recordaste cuando te regresaste la primera vez. No pienses en ellos cuando una crítica despiadada y sincera trate de hacer mella a tu carrera; pues si tu intención es tener éxito con gente que no se refugia en la nostalgia del Perú para apreciar el arte, es muy probable que esa sea la respuesta.

Toda esa masa, sea oyente u otro involucrado del “musical business cholo”, es por lo general acrítica, conformista y tiene un  limitado repertorio musical, pero también es la que da la hora en el Perú, la que determina que se escucha en las radios, la que cobra por difusión, y es la que ha determinado como es el mercado de la música en el Perú en donde, tu Gian Marco, eres todo un éxito.

De todo corazón, espero que triunfes en el extranjero Gian Marco y esta vez en serio, con tu nombre y cantando tus canciones.

Te escribo esto en conocimiento de mis limitaciones gramaticales y como protomúsico que lucha día a día por no rendirse al “cover” o la melodía fácil y pegajosa (o hasta subnormal) para alcanzar un breve y efímero minuto de fama.

dakowaro

jueves, 14 de marzo de 2013

SONRISA DE PERRO



 
poncho y su amigo vituco

Casi todos los días y 2 veces por día, cuando no he salido demasiado tarde por remolonear en mi deliciosa cama, me voy caminando al trabajo. Es una ruta corta y poco transitada, me da el poco sol que puedo recibir, puedo hacer el poco ejercicio que quiero pero necesito hacer y me permite escuchar siempre un disco nuevo y saborearlo en unas 2 o 3 sesiones.

Sin embargo no todo es color de rosa en mi paraíso personal pedestre de 10 minutos aprovechados al máximo, pues como en la mayor parte de rutas poco transitadas de mi querido Cusco, los perros callejeros son legión (en nuestro caso geográfico no significa que todos sean vagabundos, sino que sus dueños tienen la alucinante idea de que dejarlos en la calle es "chévere").

No es un problema insalvable pero más de una vez han cortado la inspiración de mi ruta y creo que amerita describir los tipos de perro con los que me he topado en esta mi pequeña ruta diaria.

Primero debo citar a los más ruidosos, que vienen corriendo desde lejos ladrando como bestias mostrando sus dientes y botando saliva. Felizmente hasta hoy ha bastado con pararme firme para que a 1 ó 2 metros se detengan y se queden ahí ladrando. Siempre un buen “carajo” ha ayudado y el ademán de levantar una piedra (digo ademán, pues no me agrada la idea de lastimar a la bestia).

Otros me siguen mientras me ladran por unos metros o hasta una cuadra, luego regresan a su puerta y esperan hasta comenzar a joder a otro.

Algunos muy nerviosos comienzan a ladrar pero se agazapan en su puerta desesperados, nunca atacan pero sus ladridos bulliciosos hacen que otros perros salgan incuso desde sus casas llegando a armar un escándalo mayúsculo. Estos me dan pena pues al parecer ya les han sacado la mierda alguna vez y su reacción de miedo resulta patética.

Hay otros que son hasta graciosos, sin siquiera levantarse de estar recostados al pie de la puerta comienzan a ladrar haciendo pausas, mirando al cielo y alargando aullidos, pero luego de un rato parecen convencerse de que es más rico estar repantigados en el piso y prefieren dejarme pasar sin más.

También hay los que temerosos no se animan a ladrar pero se nota que quieren hacerlo, y basta que otro haga su primer ladrido, lo miran, se llena de confianza y se lanzan al ataque armado su concierto con sabor a reclamo colectivo. Aquí el truco de la piedra es obligatorio y más de una vez he tenido que darle a uno y hacerlo chillar para que el resto desista del ataque masivo.

Con la mayor parte de estos normalmente se cómo lidiar y no ha pasado a mayores, sin embargo hubieron 2 oportunidades donde me asusté de muerte y hasta me llegaron a morder, felizmente no en esta ruta.

La primera vez fue un perro traidor, esos que se te acercan moviendo la cola, diría que hasta con una sonrisa en el hocico, con el trasero y la cola poniéndose progresivamente fuera del eje de su dirección. A medio metro quise acariciarlo y por poco no me arrancó la mano de un mordisco a lo que tuve que responder de un zapatazo en el hocico sonriente aún.

La segunda vez fue visitando una casa por trabajo, el hijo de perra salió disparado de debajo de una calamina en la que estaba escondido y me agarró la pantorrilla, de dolor y sorpresa no pude reaccionar y no pude agarrar al can, sólo pude denunciarlo y dejar el trámite en el aire. Espero no tener rabia, un ex amigo al que mordió otro perro me contó que ésta se puede esconder por años y que la única forma de determinar su existencia es haciendo un análisis en el cerebro del animal, para lo cual obviamente hay que “dormirlo”.

He pensado varias veces que sería mejor llevar unos pancitos conmigo y dárselos, creo que es muy posible que a la larga me muevan la cola al pasar, pero seguramente esto no solucionaría nada, pues alguno más despistado que yo sería la próxima víctima de algún otro canino. Le pasó a un amigo Suizo que quiso hacer footing en la ciudad y acabó correteado y hasta mordido.

En mi ciudad no hay Perreras Municipales, creo que son necesarias para que de una vez y por todas la gente empiece a criar a su perro en serio, y si no, se les dé un destino más digno que el de ir por ahí, deambulando por las calles despedazando bolsas de basura por el hambre y llevando quien sabe que cochinadas a sus casas mientras sus orgullosos dueños los acarician luego de haber sondeado con sus narices quién sabe qué y quién sabe dónde.

Yo no tengo perro, antes tenía y creo que sin ser el mejor amo lo quise mucho. Mi actual vivienda no me permite tener uno dándole un espacio decente sin incomodar a mi familia y ahora creo que el único perro confiable es el perro propio. A mi hija le he prometido que en nuestra siguiente casa, que será más grande, tendremos un perro, y no uno de juguete formato llavero, sino un perro grande.

Oh Señor de las Tijeras! líbrame del agua mansa y el perro callado, que del agua turbia y el perro ruidoso me cuido yo.

lunes, 24 de noviembre de 2008

nuestra fe

va a ser difícil, si, otra vez dejar de pensar en ti, así como no pude evitar pensar en ti cada vez que escuchaba el nuevo sonido de otro saco azul, o cuando mi luna me bombardeaba con sus rayos de llena o sensual, o cuando me retaba con su forma hipócrita o nueva, como cuando llegan las imágenes de otro matrix reverberante a mis pupilas de mundo prefabricado, va a ser difícil, si, muy difícil.

tal vez no más que buscar un pretexto para saber que no moriste, o que no te convertiste en otro esclavo de nuestra historia basada más en fe más que de amor, si de fe, porque más que amarnos buscamos creer, como si eso fuese lo único que necesitábamos para poder vivir contra todo lo otro que era insoportable e invivible.

si creer, porque de eso se sostienen las relaciones que no comparten ni se comparten en la forma sino el fondo, como nosotros, siempre diametrales, extremos, completos extraños, esclavos de nuestra fe, siempre quebrada, siempre espiada, siempre justificada en ella misma, en fe.

ven ahora, dame un segundo y un beso de fe, dame una escusa para no matarme por esa fe, dame una mano para hacerlo más difícil todavía.

el día que Anna salió a morir

ese día, y aún no recuerdo porqué, se había convocado a otro de tantos paros regionales. ese día, “y aún no recuerdo porqué”, un gran avión se estrellaba contra un gran edificio en una gran ciudad por la que siempre había tenido ese sentimiento dual de admiración y asco.


ese día, y lo recuerdo muy bien, decidí como muchas otras veces ir al cine completamente sólo ya que se me había ocurrido poco antes de la función. cómo el transporte estaba restringido, tomé camino con previsión para llegar a tiempo, lo cual demandaba caminar una docena de cuadras hacia el centro de la ciudad para llegar al cine más cercano (por no decir al único de la ciudad).


el hecho de tratarse de una vía recta y de encontrarme cabizbajo observando el camino para no darme cuenta de la distancia me hizo enterrarme en mis pensamientos, los cuales para variar estaban relacionados con mi música, una chica y la facultad (en ese orden de importancia), y que inevitablemente iban saltando del uno al otro por lo ligados que se encontraban.

es por todo esto que cuando casi choque con el par de gastados zapatos marrones con los pasadores desatados y raídos, no pude evitar dar un paso atrás y levantar la mirada hacia una de las imágenes que más han calado en mi memoria.

no pude evitar ponerle un nombre: Anna (si, con “enne”), no se porque, fue instantáneo; no pude evitar ver esas medias de nylon de ese insoportable color crema opaco que parecían quererse caer en cualquier instante por no poder sostenerse en sus delgadas piernas; no pude evitar sentir cierta repulsión hacia su ropa que más que eso parecían ser trozos de tela acomodados y me hacían recordar las que había visto en algunas niñas pobres que solían jugar cerca del colegio ciencias cuando era pequeño, la falda envuelta como un tubo recto a cuadros verdes en un tono pastel y su chompa roja que aunque no tenía un solo agujero se veía desgastada tanto por el tiempo como por el sentimiento que ella desprendía para mí; no pude evitar sorprenderme con el esfuerzo que hacía para levantar sus cansados brazos y se contradecían con sus manos que colgaban del extremo de estos; no pude sentir pena de sus desordenados y blancos cabellos alternados con eventuales tiras semioscuras; y no pude sentir desprecio por su rostro de tristeza que parecía gritar algo que al principio no pude entender.


primero creí que ella también se había detenido al casi chocar conmigo y apurado como estaba para poder llegar al cine me hice a un lado y la esquive, mas al caminar unos metros no pude soportar la sensación de voltear para ver si esa aparición me seguía y entonces me vi con que ella seguía parada como la había dejado y entonces lo supe: estaba esperando su muerte.


llámenlo como quiera: pensamiento perverso, superstición, producto de mis pensamientos confundidos, asociación con cohelo en el peor de los casos si no les gustó, etc., pero así como automáticamente supe que se llamaba Anna, también supe que ella estaba esperando que algo viniese en ese momento a sacarla del encierro de su casa, del odio de sus hijos, de la soledad, de la tristeza, de lo lejos de la tienda, del poco sol de la tarde, de la mala digestión, del insomnio, de una deuda... para arrebatarle la vida, para darle paz. para ser sincero, la idea exacta era que justo ese día de paro, ese día de muerte y venganza, ese día de cine, con la ausencia fabulosa de automóviles, contaminación y ruido, Anna había salido con sus pocas fuerzas desde su pequeña y olvidada casa en medio de magisterio a la avenida de la cultura, esperando que un camión la atropellase.